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REVIEW: JIMI HENDRIX – “Both Sides of the Sky” (2018)

El tercer volumen de una serie de álbumes con temas inéditos de Hendrix confirma la vigencia de uno de los mejores guitarristas de rock de la historia.

 

¿Qué se puede decir de nuevo de un artista de la talla de Jimi Hendrix? Debe ser, además, uno de los pocos casos en que, a más de 40 años de su fallecimiento, sigue editando discos con canciones “nuevas” -en realidad tomas alternativas, demos y covers- que suenan igual de contundentes y poderosas que aquellas que lanzó en vida.

 

En esta oportunidad, el sello Legacy Records nos trae el sucesor de “People, Hell and Angels” (2013) con canciones mayormente grabadas entre enero de 1968 y febrero de 1970 y que corresponden al periodo más fértil del guitarrista de Seattle, aquel en el que paseó su poderosa guitarra por las orillas del blues, el funk, el soul y el hard, sin ahorrar en riffs arrasadores, solos celestiales y un wah-wah estremecedor, con una sólida base rítmica conformada por Billy Cox en bajo y Buddy Miles en batería (aunque también hay algunos temas en los que tocan Noel Redding y Mitch Mitchell, miembros de The Jimi Hendrix Experience).

Si bien este disco, a diferencia de los dos anteriores, está basado principalmente en canciones repetidas con diferentes overdubs o tomas alternativas (aunque tiene algunos inéditos increíbles), vale la pena darle una oportunidad y dejarse llevar por la guitarra de Hendrix que no flaquea y destila prepotencia altanera en forma de canciones. Un álbum que ya desde la tapa, con un dibujo de Hendrix que con la mirada fija hacia nosotros, invita a ser escuchado.

 

‘Mannish Boy’, originalmente compuesto por Muddy Waters, es la carta de presentación que acá suena visceral y cruda, grabada en plena sala de ensayo. Le sigue ‘Lover Man’, un blues acelerado de esos a los que Hendrix nos tenía acostumbrados y que acá suena atronador.

 

¿Cuántas versiones existen de ‘Hear My Train a Comin’? A esta altura, infinitas. Al igual que en el mencionado “People, Hell and Angels” y en “Valleys of Neptune” (2010), este tema vuelve a editarse en un disco, esta vez en una versión de estudio grabada junto a The Jimi Hendrix Experience. Cuenta la leyenda que al guitarrista nunca le terminó de convencer ninguna de las tomas que se hicieron de esta canción que tuvo también su estreno en vivo. Sin embargo, acá suena tremendamente poderosa, con un wah wah encantador.

 

Como un tren acelerando a toda máquina, atravesando las montañas, llega ‘Stepping Stone’ y en el camino recoge a Stephen Stills (guitarrista de Buffalo Springfield y miembro del supergrupo Crosby, Stills & Nash) quien presta su voz y sus habilidades al órgano para tocar en ‘$20 Fine’ y ‘Woodstock’ (aquí al mando de la guitarra, acompañado por Hendrix en el bajo, una rareza de lo más agradable), dos de las joyas de este disco por las cuales vale la pena adquirirlo y/o escucharlo en las plataformas digitales.

 

Stills demuestra todo su talento en un rock divertido con una letra acorde a las circunstancias (“Un sueño más, otro plan. La vida no es lo que parece; un día más, pesadas deudas que pagar. Espero que alguien me lo devuelva algún día”).

 

El poder del alma queda plasmado en, justamente ‘Power of Soul’, de ritmos calientes y sensuales, con una inspirada performance por parte del guitarrista y una base rítmica milimétricamente perfecta. “Con el poder del alma, todo es posible”, afirma Hendrix.

 

El instrumental ‘Jungle’ empieza como una tenue balada bajo un clima oscuro y misterioso para luego convertirse en un torbellino funk que va deshilachándose y le da paso al blues tradicional ‘Things I Used to Do’ que por primera vez podemos escuchar completo y que se destaca por el trabajo en guitarra slide de Johnny Winter.

 

La libidinosa ‘Georgia Blues’ es otro de los puntos altos del álbum. Acá, Hendrix está acompañado por Lonnie Youngblood, viejo compañero de ruta del guitarrista en el grupo de Curtis Knight, The Squires. Youngblood aporta su aguardentosa voz y su saxofón para una versión épica del viejo clásico de Guitar Slim.

 

‘Sweet Angel’ no es otra que ‘Angel’ pero en versión instrumental, una de las mejores baladas de Hendrix que adquiere un tono especial en esta edición, despojada pero no menos poderosa en donde la guitarra es la encargada de hablar y demostrar a través de sus agudos sonidos el amor eterno.

 

El cierre del álbum no podría ser mejor. ‘Woodstock’ con Stills en voces y guitarra, ‘Send My Love to Linda’ (aguerrida, gitana, frontal, donde podemos prácticamente sentir a Hendrix experimentando diferentes sonidos y matices) y ‘Cherokee Mist’, una zapada mística y mágica, con sonidos de guitarra eléctrica y de un sitar que le otorga a la canción un aire hindú adictivo, para perderse entre la nebulosa de los climas que propone el extenso tema.

 

“Both Sides of the Sky” es, en líneas generales, una demostración más de los infinitos recursos que Hendrix tenía y gustaba explotar en estudio, su increíble capacidad para improvisar y ensayar sonidos nuevos y sacarle el mejor provecho a su habilidad para la guitarra. La producción de Eddie Kramer, ingeniero de grabación de todos los discos que Hendrix grabó en vida, le otorga un plus al álbum, preservando la homogeneidad e integridad del legado del guitarrista número uno de la historia del rock.

 

Nota publicada originalmente en: In the Flow Press

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